Joe Arroyo, genio de la música tropical

Hablar de Joe Arroyo es hablar de buena parte de la música tropical en el mundo, una parte de África en América, una parte de Jamaica en Colombia, una parte de Centroamérica nacida en Cartagena. El negro sigue el mejor intérprete de salsa que ha parido este país. Existen otros muy buenos, pero no como el Joe.

La vida del Joe fue llevada al mejor estilo de una tragicomedia de la televisión mexicana, de esas que el protagonista tiene momentos de felicidad pero también momentos de muchas tristezas. Joe Arroyo desde niño probó las mieles del éxito: empezó a grabar con orquestas como la Rubén Darío Salcedo en Sincelejo, de donde Joe, sacó la vena de los porros y todo el folclor que cantaría y que después le darían fama.

Hoy nueve años después de su partida, Barranquilla recuerda a su hijo adoptivo más ilustre, esa ciudad autodenominó su “patria chiquita” que lo acogió y que una vez lo sacó después de haber caído preso. La misma que le acolitaba sus desordenes como artista. La ciudad en la que el Joe se sentía más cómodo por parecerse a él. Vivió por cuestiones de trabajo en Medellín y le hizo canciones como “La guerra de los callados”, que relata la difícil situación social que atravesaba la cuidad en ese momento. la primera ciudad en hacerle un monumento.

También cantó a Cartagena, a la “India Catalina que adorna día y noche la ciudad”, así lo hizo con muchas otras ciudades, incluso extranjeras, pero su verdadero amor siempre fue Barranquilla, donde pidió morir. Así sucedió exactamente el 26 de julio del 2011.

Álvaro Arroyo Gonzales, en la década de los noventa uno de los músicos que más éxitos ponía en las listas de las emisoras: con su álbum En Acción, fueron cinco las que alcanzaron esa distinción que solo los grandes merecen.

De ese larga duración, salieron himnos como El centurión de la noche: una canción que habla del gusto del Joe por la noche aunque su placer se vuelva tormento cuando veía la madrugada caer.

También una de las canciones infaltables en cualquier bailadero, Pal Bailador: donde invita y enseña a los rumberos a moverse al ritmo que la orquesta La verdad le marcaba.

En el libro El centurión de la noche, escrito por el periodista Mauricio Silva, se puede dimensionar lo que significaba Joe Arroyo para el país: “En una blanca pared de la calle 67 con carrera 7, en una esquina del barrio Chapinero en Bogotá, un seguidor fundamentalista escribió un graffiti que en tres palabras resumió lo que por entonces sentía el país: «Joe es Dios»”. Algo parecido había sucedido, cuenta Silva con Eric Clapton.

Pero todo genio tiene un punto débil y Joe no era la excepción: consumía más rumba de la que un cuerpo puede resistir. Los excesos fueron su más terrible compañero de vida. En exceso confiaba en la gente que lo rodeaba y que después le pagaron mal.

Otro de los puntos negros que tuvo Arroyo en su vida, y que no pudieron opacar su talento, fueron los plagios. El más descarado pero digno de aplaudir se lo hizo a el mismo, cuando copió la idea de una canción que legalmente aparece registrada como de Adela Martelo, primera esposa del Joe, pero que en realidad es de su autoría.

La historia cuenta que el Joe lo hizo para que la banda de Roberto pudiera interpretarla sin caer en ilegalidades, debido a que ellos pertenecían al sello CBS y Arroyo mantenía un maldito contrato con Discos fuentes que no le permitía dar canciones a artistas de otros sellos.

Entonces podemos decir que es el plagio más descarado y aplaudido del Joe Arroyo, pero también su mejor obra. Esta canción compite con El Preso, cantada por su amigo y compañero en la orquesta de Fruko, Wilson Manyoma. Ambos tuvieron una sana rivalidad, al final siempre ganaba el público.

La vida de Joe arroyo da para series de Netflix, novelas –y no la miserable que le hizo RCN, que distorsiona la imagen del negro- películas y si se quiere documentales de Discovery. No hay que inventarle nada, relatar que es el cantante de música colombiana más importante en del país.

El primer artista que la revista The Rolling Stone, no rockero decidió publicar, bajo el argumento que el Joe es el único rockstar colombiano, porque los cantantes de ese género en Colombia, son más sanos que el pan integral. Tuvo más éxitos que cualquier cantante de baladas en español de su época, la persona a la que Shakira considera que Barranquilla no sería igual si no existiera.

Joe Arroyo pudo ser el salsero más importante de este país, considerando que grandes sellos musicales como el Ralph Mercado lo quisieron tener, pero el Joe quería cantar folclor colombiano, además existía un maldito contrato que no lo dejaba ir.

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