El consumo global crece un 34 % en una década, impulsado por máximos históricos en la producción de cocaína y la proliferación de sustancias sintéticas.
VIENA.— El mercado mundial de sustancias ilícitas ha alcanzado dimensiones y niveles de diversificación nunca antes registrados. El Informe Mundial sobre Drogas de la ONU, difundido en Viena con datos consolidados, revela que el número de consumidores aumentó un 34 % en la última década, alcanzando los 331 millones de personas. Este incremento responde tanto al crecimiento demográfico global como a una disponibilidad sin precedentes de estupefacientes en el comercio ilegal.
Los análisis de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) destacan que el fenómeno se ve agravado por la aparición de sustancias más potentes y peligrosas. Mónica Juma, directora ejecutiva del organismo, advirtió de que este escenario intensifica los perjuicios sanitarios y sociales. De hecho, el consumo de estupefacientes provoca casi medio millón de muertes anuales, mientras persiste una grave brecha asistencial: solo una de cada 12 personas con adicción severa recibe tratamiento.
El cannabis lidera el consumo frente al auge de la cocaína
El cannabis se mantiene como la sustancia más extendida en el mundo, con 256 millones de usuarios. Le siguen los opioides (63 millones), las anfetaminas (32 millones), la cocaína (25 millones) y el éxtasis (21 millones).
Sin embargo, el dato más alarmante del informe reside en la producción de cocaína, la cual ha alcanzado el máximo histórico de 4.000 toneladas anuales, cifra que cuadruplica los registros de hace diez años. Este auge se debe a la optimización de los laboratorios clandestinos y a la expansión de los cultivos de hoja de coca. Las redes del narcotráfico han diversificado sus rutas mediante métodos avanzados, como el uso de embarcaciones sumergibles para cruzar el océano Atlántico, expandiendo su mercado hacia África y Asia.
La amenaza de los laboratorios de drogas sintéticas
La rápida expansión de las drogas sintéticas representa un desafío crítico para las autoridades internacionales. Las organizaciones criminales modifican con agilidad las fórmulas químicas para evadir los controles normativos. Actualmente, se han detectado 755 nuevas sustancias psicoactivas, de las cuales más de un centenar se identificaron por primera vez en el último año.
Asimismo, la metanfetamina ha consolidado su alcance global, con una producción que se extiende por múltiples continentes, aunque América del Norte y Asia registran los mayores índices de consumo.
Mezclas letales y crisis humanitarias
La ONUDD manifiesta una profunda preocupación por la proliferación de combinaciones de sustancias que se comercializan bajo nombres engañosos como «cocaína rosa» o «agua de la felicidad». Estos cócteles mezclan estimulantes, depresores y alucinógenos sin el conocimiento del usuario.
Chloe Carpentier, autora principal del estudio, señaló que esta falta de información impide tanto a los consumidores saber qué ingieren como al personal médico aplicar los antídotos tradicionales —como la naloxona— ante sobredosis atípicas. Un ejemplo de este impacto letal ocurre en África occidental con el kush, un compuesto de bajo coste basado en cannabinoides sintéticos y nitazenos que ha obligado a países como Liberia y Sierra Leona a declarar el estado de emergencia.
Finalmente, el mercado de los opioides experimenta una transición forzada. El desplome de la producción de opio en Afganistán, derivado de las prohibiciones impuestas por el régimen talibán, ha reducido la oferta de heroína, impulsando el uso de alternativas sintéticas considerablemente más potentes y letales como el fentanilo.



